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La guía básica de toda sociedad sigue siendo en estos días, mayoritariamente, el juicio moral.

Y no es casualidad siendo que desde una edad muy temprana se adoctrina a la persona con regaños, tonos altos en la voz, ceño fruncido, ademanes con las manos, gritos y hasta golpes. Que indican que se está haciendo algo, no digamos mal, sino, algo discordante con la idea de bien del o de los mayores encargados de la “educación”.
Con este tipo de instrucción-alienación, difícilmente se llegue a entender de qué se trata el buen vivir y la felicidad, porque la mente moral tiende a juzgarlo todo de esa manera siente que controla debido a que le aterra lo que está más allá de la lógica preestablecida.
Y la moral es muy tramposa por su carácter de subjetiva. El recurso de la moral sólo es válido en la falta de entendimiento y en la dejadez que evita usar el discernimiento en el momento presente en que la vida y sus circunstancias ocurren. La moral se funda necesariamente en el pasado, en lo aprendido intelectualmente.
Puede que en su momento Moisés hubiese tenido la buena intención de guiar por el “buen” camino a las personas de la época, por ésto trabajó tanto tallando en piedra diez rígidos mandamientos, que por cierto, nadie cumplió jamás. De éste hecho habría surgido la ingeniosa frase atribuída a Jesús, “quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

Es mucho más sano y sensato entender de qué se trata ésto de ser “bueno” y tiene que ver más con el entendimiento y el sentir genuino que de una cuestión moral. La razón es simple y es el llegar a ese entendimiento a través de la experiencia y la observación consciente de ésta, que dicta que ningún mal o bien cursado fuera de un estado consciente guiado por el impulso natural e inexplicable, que busca solucionar o entorpecer algo, puede sentirse en profundidad, porque fue pergeñado por la mente lógica-racional.

Esto quiere decir que se pueden tener grandes buenas intenciones, y es loable, pero es ignorante, siendo que el nivel de evaluación que se puede hacer de las consecuencias está fundado en un conocimiento de la muy amplia realidad casi nulo. Y éste es el daño más grande que pudo hacer la moral al despojar a las personas de su sentir genuino que guíe sus actos independientemente de las consecuencias, dado que es evidente la ignorancia.
La ciencia en su sentido más esencial, podría ser un indicio de ese querer entender. Se hace referencia a lo esencial de la ciencia que es tratar de entender al universo, la naturaleza, la verdad que hay más allá. Porque hay otra ciencia que puede resultar tanto o más perjudicial que la moral.
La idea de este artículo es presentar una opción más fácil de llevar a cabo, más liviana y es entender antes que juzgar o especular.El entendimiento que dicta que la sabiduría no es más que la consciencia de la propia ignorancia, libera a la persona de todo juicio moral, el cual sólo puede devenir en malestar.

Salud
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