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Haber aceptado la idea de que somos débiles y vulnerables le dio forma a una impronta muy arraigada en la mente que se manifiesta y posee influenciando el sentir de forma nociva.

Esa aparente adicción a sentirnos víctimas de circunstancias y/o personas nos vuelve la vida pesada y poco llevadera.

En un estado alterado de la mente, donde ésta no puede “ver” con claridad, es cuando emergen sentimientos nocivos que se confunden con placenteros. Como es el caso del victimismo o el morbo.

Una persona que dice padecer las noticias al darse cuenta de los horrores que ocurren y a la vez reconoce que se siente atraída por éste tipo de “espectáculos”, evidentemente tiene un problema y es que su mente asoció el placer a esta práctica.

Lo mismo ocurre con las personas que se ponen a sí mismas en posición de víctima. Lo que están haciendo con ésto es satisfaciendo su necesidad de experimentar el “placer” que le da sentir a otro culpable.

Anecdótico:

Estábamos los mayores sentados conversando y en eso apareció uno de los niños llorando desconsolado. Cuando le preguntaron que había pasado dijo que otro de los niños le había tirado una piedra. Inmediatamente la abuela fue y escarmentó al otro niño.

Estando luego en la plaza con los niños, el agredido volvió a citar la situación y sonriendo me dijo, “Mi abuela le dio un escarmiento”. Entonces le pregunté: ¿Disfrutas viendo cómo retan a otros? Y espontáneamente dijo si. A los pocos segundos se dio cuenta de lo que había reconocido pero ya era tarde.

La cuestión es que debe reconocerse al victimismo como un “defecto” mental, una impronta que debe ser erradicada si se desea recuperar el buen vivir.

Nadie que se siente víctima de las circunstancias puede ejercer ningún poder para cambiarlas.

Vivir una vida demandando la atención de los demás que le deben explicaciones de por qué hacen sus vidas sin considerarlo a uno no es digno de nadie.

Lo que se está proponiendo es la recuperación de la responsabilidad y el poder que ésta da para ejercer la vida con autoridad y, con pasión, caminar un camino propio, como sea, pero propio.

La manera más fácil de desbaratar esa presencia interior es: En el momento en que se reconoce que ésta fue activada, firmemente decir: “Yo No Soy Víctima” tantas veces como sean necesarias para comenzar a sentir el alivio y el poder que vuelve a uno.

Salud.

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