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Hay un dilema conceptual al momento de hablar de vida. Circunscribir la vida al cuerpo humano está creando problemas. Problemas que se están abriendo paso siempre por los mismos caminos y hasta tanto no se pongan en perspectiva y sinceramente se decida dejar de crearlos no se terminarán.

El aborto es uno de esos problemas creados innecesariamente por quienes presos de sus pasiones por juzgar y condenar a otros se inventan motivos que incluso atentan contra su propia ideología.

Si alguien nos pidiera que definiéramos la vida estaríamos en problemas. La vida es algo que existe y se manifiesta en el universo de diferentes maneras. De todas formas intentaremos hacer una analogía de modo de tratar de representar el fenómeno de la vida manifestándose en un cuerpo humano.

En ésta representación se simboliza a la vida con el aire el cual entra en el agua sin perder su esencia. Es por ésto que luego de entrar en el agua comienza su recorrido en ascenso buscando  volver a reunirse con el aire sin limitaciones.

El aire, por un momento, se “separa” de la totalidad para formar una individual burbuja en un ambiente como el agua.

La burbuja es vida desde siempre hasta siempre, aunque deje de ser burbuja.

Con esta analogía lo que se pretende es brindar una visión de la vida diferente, que no está limitada y que siempre se abrirá paso, de una manera u otra, porque es una fuerza incontenible.

La vida no empieza ni termina en un vientre, ni en una bacteria, ni en una persona. Éstas son sólo limitadas manifestaciones.

La mente humana quiso darle un tono sagrado a la vida pero de la manera equivocada, porque sigue necesitando magnificar la vida humana por propia satisfacción e inseguridad. 

Los abortos son más frecuentes de lo que se cree, la mayoría ocurren de manera espontánea y otras se causa por decisión de la mujer que decide no tener un hijo por el motivo que sea.


En ambos casos lo que se interrumpe es el nacimiento de un ser humano, lo cual, no significa la muerte.

Pero, siguiendo la idea de muerte de un ser humano, podría decirse que, desde el momento en que el nacimiento ocurre (burbuja), comienza su camino hacia la muerte. Lo que indica que en el parto lo que se le estaría dando al nacido es la vida junto con su sentencia de muerte, la cual puede ocurrir de un momento a otro. 

Independientemente de estos intentos por suavizar la rígida idea de vida y liberar un poco a la humanidad del melodrama de la muerte, pasaremos a la fase moral de esta cuestión.

La moral religiosa implantada en la sociedad causa mucho daño, sobretodo a los portadores de los juicios que no se dan cuenta que condenando a otros se crean un peso y un malestar innecesario e insensato. Por el simple hecho de que se estaría metiendo en asuntos que no le competen.

Aquellos que, presos de un moralismo extremo, dejan ver el desprecio que sienten por el ser humano, la vida y el sexo al momento de saciar su sed hablando despectivamente de aquellas mujeres embarazadas con intenciones de interrumpir el embarazo, debieran de atender que ésto es un reflejo de un sentimiento interior y que no tiene que ver con la compasión, ni la paz, ni la vida.

Los políticos quienes, por cuestiones irrisorias, son los encargados de gobernar y reglar, son un reflejo del pensamiento popular, como no puede ser de otra manera.

Si en muchos países se está legalizando la unión civil entre personas del mismo sexo, es porque hay una mayoría en la población que siente que es válido.

El ente político no se va a meter contra el pensamiento popular, es por ésto que son las personas individual y colectivamente las que evolucionan y gobiernan realmente.

Son las personas sin jerarquías gubernamentales o religiosas las que dispondrán si el aborto debe seguir siendo un motivo de condena de las mujeres o no.

La mujer que siente malestar al pensar en tener un hijo no debe ser forzada a ser madre. Porque no hay ningún bien que pueda emerger de forzar a dos personas, madre e hijo, a relacionarse y llevar una vida juntos. Una vida en la cual todos los opinólogos desaparecen una vez que lograron su cometido: el parto.

No es necesario aclarar que lo que llaman vida no es más que un trayecto el cual puede ser muy corto o muy largo para unos y otros, pero no necesariamente nacer significa vivir. Y no es algo de lo que se hable al momento de traer otra vida al mundo.
En lugar de poner a la sociedad toda en posición de juez se podría recurrir a algo más benevolente y es, retomar el valor de la mujer como madre, algo que la sociedad económico-comercial, de éxito intelectual-profesional-empresarial, destruyó creando ideologías denigrantes como la feminista. Permitiendo así que aquellas mujeres que decidan ser madres, les sea una prioridad y una satisfacción y no una condena social.

Si quieren hacer leyes, hagan leyes que recuperen el valor de lo pasivo y de lo femenino. Recuperen el rol de la madre y no de manera ridícula como lo hacen con días comerciales y new age, creando un estereotipo patético de madre.

Creen ambientes donde las mujeres embarazadas puedan interactuar y compartir experiencias. Denles una sociedad donde sientan alegría de traer un hijo al mundo y no temor de lo que vaya a ser de sus vidas.

Denles una sociedad que no se apropie de los hijos decidiendo qué y cómo educarlos, sembrando contenidos educativos mediocres y no permitiéndoles otras opciones.


Cuando tienes un hijo, el mundo tiene un rehén“. Ernest Hemingway

Los hijos nacidos tienen que ser muy fuertes para abrirse paso en este mundo. Lidiando con el miedo y la ignorancia de una sociedad montada sobre pilares absurdos.
Y por último, no queremos dejar de lado al hombre en el tema del aborto.
Como, evidentemente será la mujer la que decida si seguir adelante o no con el embarazo, porque es cierto que es su cuerpo el implicado en el proceso, aunque ésto muchas veces ocurre con la decisión de ambos, puede pasar que haya un hombre que sí quiera ser padre.

En ese caso, lo mejor sería que piense en buscar otra madre en lugar de pretender ser el padre de un hijo no deseado por su potencial madre. Porque sería la mejor forma de pensar en sí mismo y en la vida de su futuro hijo.

Se cierra este extenso artículo, diciendo que no es necesario definirse a favor o en contra de algo, sino vivir cada circunstancia en el presente en la manera en que se presenta, evitando así ponerse en posición de juez de nadie, de modo de ahorrarse el malestar que sobreviene de situaciones tan angustiosas.

La sociedad no necesita preocuparse tanto por el niño por nacer sino por aquel que ya nació. Y entre esos niños nacidos, están las futuras madres o futuras no-madres.

Condenar a la mujer por no querer parir a un hijo no le sirve a nadie. A nadie.

Salud!
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