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Estás mirando una flor. Mira la flor, siente su belleza, pero no emplees la palabra belleza, ni incluso mentalmente. Contémplala, déjala que sea absorbida en ti, sumérgete profundamente en ella, pero no emplees palabras. Siente su belleza, pero no digas “Es hermosa”; ni incluso mentalmente. No verbalices y gradualmente serás capaz de sentir la belleza de la flor sin emplear la palabra.
Realmente no es difícil; es natural. Primero sientes y luego surge la palabra, pero estamos tan habituados a las palabras que no hay una separación. El sentimiento aparece, pero no lo has ni sentido cuando de repente surge una palabra.
Crea pues una separación; siente simplemente la belleza de la flor, pero no emplees palabras. Osho.

Hay cierta tendencia social a sobre valuar lo que es el conocimiento intelectual y su derivada, la erudición.

Al ser tan sobre estimada la condición intelectual humana, esa capacidad de pensar y razonar, todo se desequilibra, por no ser ésta la única condición que compone al ser humano, aunque sí la que lo destaca de los demás animales.

El haber enfocado todas las estrategias y estímulos para desarrollar la habilidad intelectual, desatendiendo lo demás, causó sus daños. Así como existe la creencia de que mucho dinero hace felices a las personas, también están aquellos que creen que atiborrándose de información lo serán. No debemos ser pocos los que pasamos por la experiencia de caer presos de reacciones y actos poco humildes y/o pedantes, gracias a nuestra condición de “especialistas” en un tema en particular. Cuando alguien, inocente e ignorantemente pregunta a un intelectual algo sobre su área de conocimiento, éste muchas veces responde con fastidio y hasta con burla. Es común ver este fenómeno, más que nada en foros de discusión, donde los más intelectuales suelen ser los que ejercen actitudes que denigran y buscan reducir a otros, que por no contar con conocimiento intelectual sobre un tema, son considerados inferiores cuando no son tratados como idiotas y/o ridiculizados. De hecho es muy común que estas actitudes, que si bien son claramente denigrantes de la persona que las encarna, son festejadas y alentadas desembocando en una situación de cuasi-guerra, y ésto no es una casualidad. El intelecto es una gran herramienta, como lo puede ser el dinero, si no se supedita la voluntad a éstos. Es decir, si uno es quien ejerce el dominio de su voluntad y tanto el dinero como el intelecto responden a esa voluntad, todo está en orden, no si ocurre a la inversa.

Al volverse, la persona, un intelectual-racionalista extremo, relega todo el poder y se vuelve inseguro de sí mismo, desconfiado y por tanto se siente dividido y aislado de los demás. Derivando, esta situación, en un estado de guerra constante con los demás, aislamiento o tristeza. Ésto se debe a que el desequilibrio causado en la mente de la persona surte efecto, disminuyendo la capacidad de sentir emoción, intuición y empatía, para pasar a ser reemplazados éstos por sentimientos de apatía, paranoia y victimismo.

No es poco el daño que causa la estimulación intelectual exagerada en el ser humano, y pese a ésto es altamente promocionada y valorada, al punto de llegar a dejar sin voz y derechos a expresarse o ejercer sus ideas a aquellos quienes no están altamente desarrollados intelectualmente. El despotismo de éstos días viene disfrazado de intelecto, donde quien posee el conocimiento intelectual se atribuye el derecho de imponer a otros ideas y lineamientos que son, según éstos, lo mejor para toda la sociedad. Albert Einstein habría dicho algo como “todos somos ignorantes pero no todos ignoramos las mismas cosas”, ésto que expresó uno de los intelectuales más grandes que tuvo el mundo, suele perderse de vista hasta para el más básico en conocimiento. Y si bien la erudición suele causar daños, aunque con información que puede resultar certera o válida, no menos dañina es la intelectualización de información no tan certera como pueden ser creencias o dogmas. De hecho, las personas más afectadas y dañadas por la erudición fueron y son los practicantes de dogmas religiosos, filósofos y/o espirituales, quienes están muy expuestos y son altamente vulnerables por la imagen de “sabios” que encarnan con gran peso. Y para redondear se puede decir que el más grande daño que causa la erudición es la tristeza por la nostalgia que causa el ya no poder ser uno mismo, espontáneo y suelto, sin nada que demostrar ni imagen que sostener.

Salud.
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