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¿Quién se atreve a ver la faz hermosa de la tristeza sin apegarse a ella?.
Este sentimiento tan humano que, presentándose en la totalidad de la población del planeta, va rasando al mismo nivel e igualando a todos y cada uno colocándolos en un lugar profundo en el cual se recuerda que hay un estado en el que lo verdadero cobra valor.
Cuando este sentimiento se cuela en la mente, comprimiendo el pecho y haciendo brotar las lágrimas, la vida cambia su tonalidad. El color que satura y destella en la vida de una persona, de forma inexplicable, pierde su poder y belleza ante los ojos de un ser en el estado de tristeza.

Y tan abrumadora como imponente, la tristeza suele abatir a su poseedor, muchas veces con consecuencias tremendas y con escenas desgarradoras.
Es por esto que tanto temor infunde el atisbo presunto de su presencia.
La tristeza no suele ser bienvenida ni aceptada. Naturalmente, no son muchos los que desean su padecimiento.
Aunque están aquellos que no soportan dejarla ir, la abrazan y la retienen como un bien preciado. Tan acostumbrados están a su presencia que no imaginan su vida sin ella. Adictos a sus “efectos”, orgullosos de portarla, la muestran con alarde o sutileza.
Paradójicamente y pese a ser un sentimiento tan impopular y rehuido cuando ocurre de manera natural, es muy buscado de forma artificial.
Personas, incapaces de vivir la tristeza que llevan naturalmente porque se resisten y huyen de ella, no pudiendo aprender nada de lo que este sentimiento enseña, la buscan en dramas y novelas.
Los psicofármacos, que rescatan mágicamente a las personas de este “endemoniado” sentir, están a la orden del día al igual que las escenas melodramáticas de la ficción. Y, voluntariamente, muchos pagan por adquirir ambas cosas.
Pero aquel que abre los ojos humedecidos, acaricia su pecho compungido y se rinde en los brazos de este sentir, deja de resistirse a su presencia y la observa. Sólo así cae en la cuenta de que la superficie es frívola y ruidosa, que sus ambiciones son, en su mayoría, distracciones para gastar el tiempo, para olvidar el tiempo, para vivir preso de deseos superfluos. Un objetivo, otro objetivo, otro más…
Cuando la cadena eslabonada de objetivos insensatos y materialistas que sostiene una vida rutinaria se corta con el filo de la tristeza, la persona cae a un lugar profundo donde la luz y el sonido casi no se conectan. Y en ese lugar, sin distracciones, aparece otra presencia, esa de la que el mundo huye toda la vida, la propia presencia, única, incomparable e irrepetible.
La tristeza es un sentimiento noble que nos hace humanos y grandes si sabemos recibirla y dejarla ir. Porque la otra gran forjadora de humanidad es la alegría, que nos dimensiona de otra manera, y al igual que la tristeza, debemos aprender a aceptar y dejar ir.
La alegría expande y la tristeza profundiza logrando nuestra grandeza en muchas dimensiones.
Porque cada vez más personas aceptemos dócilmente ser grandes. Salud!

Si aceptas la tristeza, la tristeza desaparecerá. ¿Por cuánto tiempo puedes estar triste si aceptas la tristeza? Si eres capaz de aceptar la tristeza serás capas de absorberla dentro de tu ser; se convertirá en tu profundidad. OSHO.


Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias. Miguel De Cervantes Saavedra



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